lunes, 27 de diciembre de 2010

Una Mañana Cualquiera

Amanece. Los rayos del sol entran por la ventana semi-cerrada pidiendo permiso, como si temieran interrumpirme. Sin embargo, me ayudan. Me doy cuenta que he estado mirando al mismo punto de la habitación por las últimas 2 horas y media.

No dormí en toda la noche. Me está pasando cada vez más seguido. Ni siquiera intenté conciliar el sueño, como otras veces. Ni me molesté. Es inútil. Sólo me quedé allí, sentado en la cama, contemplando el vacío. Estaba pensando en algo. En alguien. En como uno, en el transcurso de la vida conoce miles de personas, pero elige relacionarse con unas cuantas. Nuestra vida depende de nuestras elecciones. Pensé en esas elecciones, y si fueron las mejores.

Toca Sabina de fondo. Qué apropiado. Llega "Culpable" y aprieto Repeat en el equipo de música. Lo escucho tres o cuatro veces. Hay canciones que tienen la capacidad de expresar de forma muy exacta aquello que uno no puede. Tengo que agradecer a una gran amiga por hacerme escuchar al Genio de Úbeda por primera vez, allá por principios de 2008, la primera vez que fui a su departamento en el centro. Recuerdo haber estado impresionado por aquel gallego de voz aguardentosa, y que apenas llegué a mi casa me bajé su discografía completa. Buenos tiempos.

Sigo pensando. En este mundo, existen dos tipos de personas: gente que vive, y gente que observa. Yo observo. El sol sigue saliendo, y la gente ocupada se sumerge en su rutina, esa que ellos odian y yo envidio. Los escucho salir de sus casas, subir a sus autos y manejar a sus trabajos. Los veo desde mi piso 9 y los envidio.

Mis elecciones me llevaron aquí. Me llevaron a Córdoba, a la Nacional. Me llevaron a la ECI y su maravilloso grupo de personas. Me llevaron a decir que sí. A pronunciar esas dos letras que fueron las más importantes de mi vida. No me arrepiento. Aprendí mucho de todo esto. Aprendí a ser yo mismo. Fui feliz. El proceso no fue perfecto, claro, y terminé hiriendo gente que quise y quiero mucho, por lo que me disculpo sinceramente. Fui un estúpido, lo sé. He aprendido de mis errores. Gracias por bancarme todo esto, gracias de verdad.

El bullicio gana el departamento y pienso que es hora de ir a dormir. Son las 7 y 20. Mi día termina y el de los otros comienza. Cuando despierte el sol se habrá puesto, y miles dirán que es hora de volver a casa. Yo veré TV y pensaré en ellos. Son mis opuestos. Mientras tanto, la tierra sigue girando, y las horas parecen granos de arena que se me escapan entre los dedos.

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